comercio justo
Un movimiento internacional - El Comercio Justo es un movimiento internacional que, desde hace más de 30 años, se plantea un reto difícil: luchar para una mayor justicia e igualdad de condiciones en el terreno del comercio mundial. Miles de organizaciones de solidaridad, de cooperación para el desarrollo, cooperativas y colectivos de productores del Sur han contribuido a tejer en estos años una amplísima red de intercambio, de apoyo mutuo y de comercialización.
Desde las primeras pioneras tiendas de la solidaridad, surgidas en los países del norte de Europa, hasta las numerosas entidades importadoras que hoy se coordinan a través de EFTA (European Fair Trade Association) o IFAT (International Fair Trade Association) u otras asociaciones internacionales, este movimiento se ha visto varias veces reconocido y apoyado por diversos organismos internacionales. Cabe citar la “Resolución sobre la promoción de la justicia y la solidaridad en el comercio Norte-Sur”, aprobada por el Parlamento europeo en 1994 o el más reciente Dictamen del Comité Económico y Social de la UE. Sin embargo, su mayor reconocimiento es representado por los logros en el terreno de la sensibilización y de la cooperación y, resultado mucho más ambicioso y realmente difícil de conseguir, por las cuotas comerciales alcanzadas en estos últimos años. El último anuario de EFTA habla de 3.000 tiendas de Comercio Justo consolidadas en toda Europa, 45.000 puntos de venta y un facturado calculado en más de 80 millones de ECU (y es un dato de la mitad de los años 90). Algunos productos "estrella", como el café, han consolidado cuotas de mercado alrededor del 5% en países como Suiza o Holanda, en una imparable dinámica de crecimiento en todo el continente. Por qué Comercio Justo - Aunque las relaciones económicas con el mal llamado "Tercer Mundo" ya no sigan las rígidas pautas de expoliación de la época colonial, su realidad está muy lejos de ser un idílico intercambio igualitario. La división internacional del trabajo sigue haciendo de estos países las reservas baratas de materias primas, cuyos precios están establecidos por el "mercado", en este caso un eufemismo para definir los dictámenes de las grandes corporaciones económicas e industriales de los países avanzados. Hay más: en muchos de estos países, la herencia colonial ha significado la permanencia de una economía casi únicamente basada en la exportación de uno o más productos básicos, en muchos casos productos agrícolas. Es el caso de Filipinas y del azúcar o de Uganda con el café. Esto significa, entre otras cosas, una dependencia absoluta de los precios arbitrarios antes mencionados, la preeminencia del monocultivo (con todas sus consecuencias ecológicas y sociales) y la progresiva escasez de otros medios de subsistencia. Finalmente, los países más ricos se han ido dotando de herramientas para proteger sus exportaciones y sus mercados: los altos aranceles sobre los productos trabajados y las fuertes subvenciones a la exportación de muchos de sus productos agrícolas determinan una espiral cada vez más grande de desigualdad comercial a nivel mundial. Se llega así a verdaderos desastres económicos y sociales: el azúcar subvencionado europeo invade y arruina el mercado y los cultivadores de Filipinas; el maíz de Estados Unidos hace añicos el mercado centroamericano. Y no son los únicos ejemplos de "dumping", aunque quizás sean los más emblemáticos. Dicho sea de paso, el clamoroso fracaso de las últimas reuniones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) tiene su origen en esta situación cada vez más injusta y cada vez más patente y en la negativa de muchos países "de segundo plano" de seguir arruinando sus precarias economías. Los criterios del Comercio Justo - Ante esta realidad, el movimiento de Comercio Justo empezó planteando unas opciones concretas de desarrollo. Con el lema "comercio, no ayuda" se llevaron a cabo los primeros proyectos que pretendían establecer nuevas bases, equitativas y solidarias, de las relaciones comerciales entre norte y sur. Además de la intensa actividad de sensibilización y presión política, se establecieron unos criterios de intercambios económicos con los productores del sur que brevemente resumimos: - Que los procesos de cultivo y de producción sean respetuosos con el medio ambiente. - Que los productos sean elaborados por pequeños productores agrupados en forma cooperativa o en otras alternativas de trabajo asociado, asegurando en todo caso condiciones dignas de trabajo. - Las operaciones comerciales son directas con las contrapartes, evitando así intermediarios y especuladores. - Garantizar a los productores un precio de compra justo para sus productos y para el proceso de elaboración. Este precio siempre es superior a lo que obtendrían a través del mercado tradicional. - Garantizar una cooperación a largo plazo con los productores y un adelanto de los pagos para evitar, en la medida de lo posible, el recurso a prestamos bancarios. - Invertir parte de los beneficios en programas de desarrollo comunitario. - Garantizar una transparencia en los precios tanto para los productores como para los consumidores. No sólo de pan… - El movimiento de Comercio Justo no se ocupa únicamente de comercializar y distribuir los productos del Sur, sino tiene en su activo muchas campañas de sensibilización, algunas de las cuales se han revelado fundamentales para denunciar gravísimas situaciones. Es el caso del mercado mundial del textil y de las "maquilas" o de la explotación del trabajo infantil. Las campañas del movimiento, que han involucrado e involucran a parlamentos nacionales, sindicatos, organizaciones internacionales como la UNESCO y millones de ciudadanos y ciudadanas, han dado una contribución importante a la creación de una nueva conciencia solidaria en todo el mundo. Es hoy más difícil para cualquier empresa, aunque lamentablemente no imposible, pasarse por alto los derechos básicos de trabajadores y trabajadoras en muchos países en vía de desarrollo. Saben que sectores importantes de consumidores bien informados pueden ejercer su derecho de veto, sencillamente dejando de comprar sus productos. Y esta, en realidad, es la grande fuerza del movimiento de comercio alternativo. ¿Por qué un consumidor o una consumidora están dispuestos a pagar más para un café solidario? ¿Por qué el movimiento de comercio justo no necesita de grandes inversiones publicitarias para que el facturado global de sus organizaciones crezca año tras año? ¿O sencillamente es que la solidaridad es un valor añadido comercial? En realidad, detrás de cada paquete de cacao o de café de comercio justo vendido existe un fenómeno social y político que ya no se puede subestimar: la emergente conciencia de quien los compra; una crítica, quizás modesta y en voz baja, al mundo en que vivimos a partir de lo que consumimos diariamente. En el Estado español - Aquí en casa, el comercio justo ha tardado más tiempo en arrancar. Sin embargo, el desarrollo del movimiento en la península ha estado espectacular: en pocos años, las cifras del volumen de ventas se han multiplicado (a finales de los ’90 se hablaba de 700 millones de pesetas), así como el número de asociaciones y colectivos implicados y de voluntarios (más de 1.500). En 1996 se crea la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, con el objetivo de velar por el cumplimiento de los criterios del comercio justo y canalizar la comunicación entre las diferentes organizaciones de comercio alternativo. Actualmente representa a una treintena de entidades, presentes en casi todas las Comunidades Autónomas. Los retos del futuro - Abrir nuevos canales de comercialización, llegar a un público más grande, mejorar imagen y calidad, pero sobre todo seguir con el compromiso solidario de siempre. En este sentido, los retos del Comercio Justo se están ampliando: luchar para la igualdad y la humanización de las relaciones económicas y comerciales entre norte y sur significa hoy enfrentarse claramente con una serie de cuestiones de fondo. Las reivindicaciones de los campesinos del sur –y del norte–, el objetivo de la soberanía alimentaria, el problema de los recursos naturales (agua, biodiversidad, etc.) son todo aspectos que el movimiento de Comercio Justo no puede pasar por alto. Finalmente, el modelo de consumo responsable y solidario que está a la base del comercio justo no puede prescindir de un compromiso en el terreno del consumo y de la agricultura ecológica y biológica, favoreciendo la creación o la consolidación de redes de consumidores conscientes y críticos. Esta guía ha sido elaborada por Xarxa de Consum Solidari, asociación nacida en el año 1996 que reúne a entidades y colectivos catalanes activos en el terreno del comercio justo. Es miembro fundador de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo. ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: DICIEMBRE 2003 |



