ayuda oficial al desarrollo
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El mundo no progresa- Si está buscando soluciones para los problemas del mundo, sepa que la Ayuda Oficial para el Desarrollo (AOD) no es una de ellas. A pesar de los miles de millones de dólares que se donaron a países en desarrollo durante los últimos 50 años, una cuarta parte de la población mundial vive todavía en lo que las Naciones Unidas califican como pobreza extrema. En muchas partes del mundo, la situación está incluso empeorando: según las tasas de crecimiento actuales, muchos países africanos tardarán 40 años en recuperar la renta que tenían en los años 70. Pérdidas netas- ¿Por qué no sirven de nada los 57.000 millones de dólares que el mundo desarrollado invierte en Ayuda Oficial anualmente? En primer lugar, estas sumas, aunque considerables, no son suficientes para aliviar las enormes desequilibrios del orden económico mundial, en el que las materias primas exportadas desde los países en desarrollo han perdido más del 50% de su valor comercial en los últimos 15 años. En segundo lugar, por cada dólar de esta ayuda, los bancos se quedan otros tres en pagos de intereses de la deuda externa del Tercer Mundo, por lo que los países pobres incluso acaban pagando a los ricos más de lo que reciben. En muchas ocasiones, la misma ayuda del país donante pasa directamente al Banco Mundial o al FMI en pagos por endeudamiento y deja a los países empobrecidos sin medios para construir sus propias economías o invertir en gasto social para su población. Rompiendo el círculo- La Ayuda al Desarrollo puede contribuir a romper el círculo de la pobreza en el ámbito local y favorecer la generación de capacidades y las infraestructuras necesarias para alcanzar un desarrollo real. Instituciones de microcréditos como el Grameen Bank (conocido como Banco de los Pobres e impulsado por Muhammad Yunus) ofrecen a los marginados una oportunidad real de alejarse de la pobreza a través de sus propias iniciativas. Es asimismo necesario formar a las comunidades locales, tanto a las generaciones futuras como a las presentes. Sólo si se tienen claros sus objetivos y se administra adecuadamente, la asistencia al desarrollo puede apoyar iniciativas de base, particularmente importantes cuando se reducen los programas estatales de apoyo más tradicionales para satisfacer a donantes internacionales como el FMI. Arma política- Por desgracia, sin embargo, la mayor parte de la Ayuda Oficial al Desarrollo se ha utilizado con fines mucho más egoístas. En primer lugar, continúa siendo un instrumento significativo de la política de asuntos exteriores y comercial de un país. Israel recibe más ayuda por persona que cualquier otro país, a pesar de ser una de las 25 naciones más ricas del mundo. La AOD también puede ser una arma política útil, como cuando Estados Unidos condonó a Egipto una deuda de 7.000 millones de dólares por su apoyo a la Guerra del Golfo de 1991. La ayuda ligada ha sido utilizada, de igual manera, para resolver problemas económicos domésticos: en 1986 el Gobierno británico forzó a la India a aceptar 21 helicópteros Westland W-30 para la búsqueda de petróleo cercano a la costa, restando del presupuesto de ayuda británica 65 millones de libras. Esto salvó a la compañía Westland pero no a la India, que terminó vendiendo los helicópteros como chatarra a una empresa británica. España también incumple sus compromisos- A pesar de la frecuente presencia de los países empobrecidos en los discursos globales, estos no parecen encontrar un espacio real en las agendas políticas mundiales. Más allá de los acuerdos para reducir la pobreza en el mundo -la propuesta 20:20 de la Cumbre Mundial de Desarrollo Social de 1995, o el objetivo de donar el famoso 0,7% de la OCDE y las Naciones Unidas, entre otros- la tendencia de los gobiernos de países industrializados estas dos últimas décadas se ha dirigido a la reducción de su AOD. Pese a vivir un boom económico durante los años 80 y 90, la ayuda ha caído un 20%. El gobierno español no ha actuado de forma distinta. Según la estimación de Intermón Oxfam, el porcentaje de AOD sobre el PNB para el 2000 fue tan sólo del 0,20%, frente al 0,23% de 1999, traducido en unos 20.000 millones de pesetas menos. Hasta el momento, España había seguido el compromiso asumido en el Plan Director de Cooperación de incrementar gradualmente la ayuda hasta alcanzar los 300.000 millones en 2004. Sin embargo, esta es la cantidad más baja de AOD aportada desde 1990. ¿Qué pasará a partir de ahora?¿Para cuándo el 0,7%? España: ¿De mal en peor?- España es, por otra parte, el país de la OCDE con un mayor porcentaje de ayuda ligada o vinculada a intereses comerciales propios: los denominados créditos FAD que tan poco ayudan a los países en desarrollo y que sí impulsan la expansión comercial de las empresas españolas. Este hecho, junto con la necesidad del AECI de replantearse las condiciones de concesión de microcréditos (que se han desvirtuado, entre otras razones, por las condiciones para su devolución), las deficiencias en ayuda humanitaria y de emergencia -muy perceptible por la opinión pública pero insuficiente en cuanto a objetivos a medio y largo plazo- y la polémica de la cada vez más frecuente intervención del Ejército en estas campañas, dan las claves de la Ayuda Oficial en el Estado español. El Plan Director de Cooperación, principal instrumento estratégico de la cooperación en el Estado español, que debía desarrollar la Ley de Cooperaciónde 1998, se consideró un retroceso por parte de las ONG, entre otros motivos por su insuficiencia presupuestaria, su orientación comercial y su insistencia en mantener comportamientos perjudiciales como los créditos FAD, o la vinculación de la ayuda a intereses económicos, culturales y estratégicos de España. El único sector que realmente comienza a mostrar cambios, es la cooperación de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, que crece y mejora de forma continuada: comunidades como País Vasco, Navarra y Baleares, o ciudades como Valladolid, Gijón, Madrid, Lleida o Pamplona destinaron en el 2000 el 0,7% de su prespuesto a la AOD. La falacia de Monterrey- Las tendencias internacionales en cuanto a la AOD se pudieron ver claramente ejemplificadas en marzo de 2002. La Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo, celebrada en la ciudad mexicana de Monterrey, debía dilucidar cómo poder conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados por las Naciones Unidas para el 2015 -entre los que destacan la reducción a la mitad del número de personas que sufren el hambre y que actualmente viven con tan sólo un dólar al día, y la educación básica universal. Sin embargo, antes de su comienzo, ya se sabía del fracaso de esta cumbre. En los días previos a la conferencia distintos países e instituciones hicieron diversas declaraciones que marcarían el tono del "Consenso de Monterey", el documento que habían acordado previamente que firmarían el último día de Conferencia, y que no podía ser modificado durante el transcurso de las mismas--muestra clara del desprecio por las opiniones de lo que tuvieran que decir los grupos de la sociedad civil, convidados de piedra de la cumbre. El Banco Mundial y la ONU declararon la necesidad de doblar la ayuda de los países ricos en los próximos cinco años para conseguir cumplir los retos del Milenio. Estados Unidos, que esperaba las críticas de otros países (es el país del mundo que menos ayuda oficial da comparativamente, ya que aunque la cifra donada es de 11.000 millones de dólares, esto supone tan sólo un 0.1% de su PNB), se adelantó a ellas prometiendo un incremento de 5.000 millones de dólares durante tres años a partir de 2004, eso sí, con condiciones: que los países a los que llega la ayuda lleven a cabo reformas políticas, económicas y legales, unas condiciones vagas que podría llevar a interpretaciones subjetivas. La UE, por su parte, acordó añadir 6.000 millones más entre sus miembros para el 2006. Además, Noruega, Dinamarca, Suecia, Luxemburgo y Holanda, los cinco países del mundo que dedican una mayor parte de su presupuesto a la ayuda oficial, emitieron un comunicado en el que recordaban a los participantes de la cumbre que debían hacer todo lo posible para conseguir cumplir el calendario de los objetivos del Milenio. Las Conferencias se desarrollaron según lo previsto, y el Consenso de Monterrey se mostró superficial y centrado en la ayuda, sobre todo porque no se llegó a ninguna solución para la deuda o para la reforma del comercio y los sistemas financieros internacionales. Los grandes divergencias en los discursos, y las promesas hechas en los mismos, que no se vieron reflejadas en el consenso final, sólo llevan a una conclusión: el mundo aún no dispone de una coalición global para la lucha contra la pobreza. ¿El fin de la AOD?- Vistos los fracasos que se han producido mundialmente, quizás no deberíamos perder el sueño con la dramática caída en los niveles de ayuda. Es más, se han elevado algunas voces a favor del final de la ayuda, por considerar que no hace más que bloquear a los países en un círculo de dependencia del que no pueden escapar. Pero más allá de los abusos, es importante recordar los logros de la Ayuda al Desarrollo, cuando ésta ha permitido a los pueblos asegurarse derechos básicos y otros valores para ellos mismos. Una buena ayuda puede romper el círculo de dependencia: depende también de cómo la utilicen los países donantes. Esta guía ha sido elaborada por Patricia Estévez, periodista especializada en nuevas tecnologías y solidaridad, y es una traducción adaptada y actualizada del artículo original en inglés de John Hilary que acompaña la Guía de la Ayuda de la edición internacional de OneWorld. ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: ENERO 2003 |



