Banco Mundial y FMI
Origen común pero objetivos distintos- En 1944 las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial crearon en Bretton Woods nuevas instituciones económicas para ordenar un sistema en profunda crisis desde la Gran Depresión de los años 30 y agravado entonces por el conflicto bélico. De ahí nacieron el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Estos organismos funcionan independientemente y, a pesar de las similitudes y origen común, son, de hecho, dos instituciones distintas con objetivos ostensiblemente diferentes. Negocios y pobreza- El FMI se constituyó para resolver los problemas económicos globales que contribuyeron a la Gran Depresión de los años treinta y su principal preocupación es aún la salud del comercio mundial y de los sistemas financieros. El Banco Mundial, por su parte, es formalmente una organización de desarrollo. Se creó para financiar la reconstrucción económica posterior a la guerra y se convirtió rápidamente en un importante prestamista para los países en desarrollo, con capacidad para proporcionar asistencia técnica en el uso de fondos prestados. Hasta 1990 el Banco Mundial no declaró que la reducción de la pobreza es uno de sus objetivos prioritarios. Del dicho al hecho- Curiosamente, y a pesar de tener objetivos radicalmente distintos, el FMI y el Banco Mundial comparten el mismo proyecto para conseguir sus objetivos: un modelo basado en el modelo de libre comercio, inversiones sin restricción, o la preferencia de la empresa privada sobre el sector público. Sin duda alguna, ésta es una buena agenda para las finanzas globales y las transnacionales, pero obviamente no para una solución global a la pobreza en el mundo. Bajo la retórica de la reducción de la pobreza se constata en los últimos años que el FMI y el Banco Mundial siguen siendo potentes instrumentos para imponer el modelo neoliberal en todo el planeta. Plutocracias- No es coincidencia entonces, que el Banco Mundial y el FMI se gestionen como una plutocracia, en la que los países tienen derecho de voto en proporción a las contribuciones que pagan: tiene más poder quién aporta más fondos. Ambas están controladas exclusivamente por los países ricos del Norte, impulsores y beneficiarios del modelo neoliberal. Así, los 24 países de la OCDE controlan más de las dos terceras partes de los votos del BM. Sólo los Estados Unidos controlan el 19'6% de la capacidad de decisión de la institución. Funcionamiento- El Banco Mundial tiene como actividad principal la concesión de créditos a los gobiernos y se convierte de esta manera en fuente de financiación para el desarrollo de los países empobrecidos. Pero para conseguir acceso a los créditos del Banco Mundial, un país debe comprometerse a seguir políticas económicas diseñadas por el FMI: programas de estabilización y de ajuste estructural socialmente muy traumáticos, que colocan a la macroeconomía por encima de las personas y que benefician a las grandes empresas transnacionales. Los responsables de estas políticas creen que este crecimiento económico traerá por sí mismo el desarrollo y la superación de la pobreza. La realidad, por ahora, es bien distinta. Tiempo de críticas y de reformas- Desde la cumbre de la Organización Mundial del Comercio de Seattle en 1999, la sociedad civil ha venido reclamando una profunda y radical reforma de ambas instituciones, para hacerlas más democráticas, transparentes y socialmente responsables, ante los países y sectores que sufren sus duras políticas económicas. Un ejemplo de la perversidad del sistema está en el sistema crediticio: los créditos del Banco Mundial son casi la única fuente de ingresos para los programas de educación de los países más pobres. Pero el hecho de que estos países se vean obligados a seguir la receta neoliberal impuesta por el FMI y el BM les obliga a recortar estos presupuestos de educación para, por ejemplo, pagar la enorme deuda que contraen. El informe Meltzer- En febrero de 2000, una comisión internacional realizó un informe de asesoramiento para las instituciones financieras internacionales. Las conclusiones fueron demoledoras: los datos del informe detectaron que el 80% de los recursos del Banco Mundial no se destinaban a los países más pobres. El informe también constataba la continuidad de proyectos con consecuencias sociales y ecológicas desastrosas. Vendiendo la moto- Cuando a finales de los ochenta los altos funcionarios del FMI y del BM consiguieron vender la moto de las políticas neoliberales a las naciones recién salidas del socialismo real o de graves situaciones de conflicto, nadie creía que el dinero de los préstamos iría al bolsillo de unos pocos, y que no sólo no conseguirían eliminar la deuda, sino que la incrementarían. Mientras que la desigualdad global (en términos de distribución de la renta) está aumentando, mientras se propugna el doble rasero de liberalismo para los países pobres y proteccionismo a los ricos, un importante número de lobbies, ONG y grupos de presión reclaman una democracia más participativa que se enfrente a la cultura del poder y a la acumulación de una minoría. De esta manera, surgen los llamados movimientos antiglobalización, hoy también denominados alterglobalizadores. Crecen las críticas- Poco a poco, se perfila el surgimiento de un sector creciente de la ciudadanía que no ha perdido su sentido crítico, ni se resigna al pesimismo. Las protestas que siguen el calendario de los organismos económicos internacionales, como el FMI y el BM, pero ahora también de la OCDE, el G-8, la OMC, o hasta la Unión Europea son cada vez más significativas. Son nombres ya asociados a las protestas y también desgraciadamente a episodios violentos: Washington, Praga, Génova... Las grandes medidas de seguridad, el enorme despliegue policial de cada cumbre internacional no parece más que demostrar el temor al debate, el intento de exclusión de alternativas y el deseo de continuar solucionando retóricamente las graves carencias democráticas de estos organismos (Estados Unidos es el único país con derecho a veto en el FMI) , que se han asignado unas crecientes atribuciones políticas favorables a los intereses de los países desarrollados y de las empresas transnacionales. Un contexto poco halagüeño- En todo caso, y a pesar de esta realidad, hasta 2001 ambas instituciones cambiaron el tono de sus mensajes e iniciaron una nueva retórica en una línea teóricamente más sensible a las críticas de la sociedad civil, y a los discursos políticamente correctos. En medio de un debate sobre si este era un giro calculado o si se trataba del primer paso para un cambio de enfoque real, llegó el 11S. Los atentados del 11 de Septiembre pusieron nuevamente la lucha contra la pobreza fuera de las agendas políticas. Hoy en líneas generales, ese nuevo escenario surgido en 2001 se mantiene, dando prioridad absoluta a las políticas de defensa y seguridad, y desatendiendo los acentos más sociales. Nuevamente, los países pobres son los peor parados de esta situación de crisis. Presiones para un cambio- Mientras tanto, la sociedad civil se reúne en citas como el Foro Social Mundial de Porto Alegre, erigido como nuevo centro de propuestas alternativas al poder global representado por el Foro Económico Mundial de Davos. Miles de personas con inquietudes similares, buscando aunar esfuerzos y coordinarse para actuar conjuntamente, han presentado sus alternativas reclamando el fin de un liberalismo dogmático, con graves efectos sociales. La crisis en Argentina ha sido un nuevo ejemplo de las polémicas fórmulas del FMI. Políticas que se aplican con el molde neoliberal sean cuales sean las condiciones de los países prestatarios. En cambio, en el caso de los países ricos, incluido Estados Unidos, se sigue confiando en el sector público como herramienta fundamental para salir de las crisis. Así las cosas, las últimas crisis económicas internacionales no han alimentado la autocrítica del Fondo Monetario, pero sí las protestas externas. El Foro Social en París, celebrado en noviembre de 2003 ha sido el último ejemplo de esta fuerza movilizadora que defiende que otro mundo es posible. Esta guía ha sido elaborada por Patrícia Estévez, periodista especializada en NuevasTecnologías y Solidaridad, y ha sido actualizada por Jesús Barcos, periodista especializado en Cooperación para el Desarrollo. ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: DICIEMBRE 2003 |



