libertad de expresión
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
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El derecho a informar y a ser informado- 78 periodistas murieron en 2004 por haber ejercido su derecho a informar libremente. A esta cifra hay que añadir los centenares de profesionales que son encarcelados o amenazados y el cierre forzado de medios de comunicación en todo el mundo. En Irán, los tribunales islámicos han cerrado más de cuarenta publicaciones desde el año 2000 y detienen y encarcelan a todos los periodistas que consideran disidentes. En otras partes del planeta, como Corea del Norte, escuchar una emisora de radio extranjera puede ser castigado con la pena de muerte. China y Birmania son los países del continente asiático con más periodistas en prisión, donde los límites marcados por los respectivos gobiernos se regulan con medidas represivas. Los profesionales de la comunicación también se hallan indefensos cuando tratan de investigar o informar sobre temas de corrupción y arriesgan sus vidas ante los intereses creados.
Los periodistas: un objetivo de guerra- Ahora más que nunca, el periodista se ha convertido en un objetivo militar en tiempos de guerra, en una molestia o en una mirada demasiado observadora. En Colombia, coincidiendo con el recrudecimiento del conflicto, los periodistas están constantemente amenazados por los paramilitares y víctimas potenciales de secuestros perpetrados por los grupos guerrilleros. Ante estas intimidaciones, en muchos casos no tienen otra salida que abandonar el país. Además, un decreto presidencial de septiembre de 2002, establece "zonas especiales" de acceso a los extranjeros, que incluyen a los periodistas. Durante la guerra contra las fuerzas talibanes en Afganistán, en 2001, ocho periodistas que cubrían el conflicto perdieron la vida. En Irak, más de 50 periodistas han muerto desde que estalló el conflicto en 2003. En España se recuerda de modo especial el trágico caso del asesinato, en 2003, del cámara José Couso, en el Hotel Palestine de Bagdad. Además, en Irak han sido secuestrados más de una decena de periodistas, a veces con un trágico final con la muerte del informador. Otros conflictos abierto de larga duración, como el de Haití, Costa de Marfil o Burkina Faso continúan teniendo en el punto de mira a los periodistas que intentan informar objetivamente. Guerra contra el terrorismo - Tras los ataques del 11 de septiembre a Estados Unidos, la llamada "guerra contra el terrorismo" ha dominado - y continúa dominando- el discurso de buena parte de la prensa mundial, sobre todo en Estados Unidos y Europa. Pero más allá de la homogeneidad del mensaje, en algunos países, la cruzada contra el terrorismo y la justificación de las medidas de seguridad se ha traducido en la promoción de nuevas leyes de prensa que en la práctica suponen polémicas medidas para restringir el derecho a la libertad de expresión y reunión. En Zimbabwe, por ejemplo, dos leyes recientes sobre acceso a la información y seguridad y orden público prohiben cualquier crítica al presidente del país, Robert Mugabe. Y en Rusia, la presión que el Gobierno ejerce sobre los medios públicos quedó patente en la cobertura de la tragedia del secuestro en la escuela de Beslán, así como la continua censura sobre las informaciones relativas a Chechenia y sus repúblicas vecinas La concentración de medios y las otras formas de censura- Asociar a los países desarrollados con la libertad de prensa por un lado, y el mundo en desarrollo con la censura por el otro, sería simplista y erróneo. Es cierto que en las regiones donde hay guerra, miseria y regímenes dictatoriales, las violaciones a la libertad de expresión son más evidentes y a menudo los periodistas arriesgan su integridad física. Pero la censura es también una realidad en países con gobiernos democráticos, especialmente a través de la concentración de la propiedad y control de los medios en muy pocas manos. De este modo, el bombardeo constante de información se convierte un mismo mensaje presentado de distintas maneras, dejando fuera de escena la difusión de alternativas y otras voces que cuyos planteamientos van en contra de los intereses de los propietarios de las grandes empresas mediáticas. El control de estos gigantes de la información es más sutil que la censura directa, porque controlan las imágenes y las historias a través de las cuáles nos formamos una determinada visión del mundo. Así, cuando hay que informar sobre un conflicto armado, los intereses gubernamentales y de las grandes corporaciones informativas suelen estar por encima de la veracidad y la libertad de información, y los medios ofrecen una visión distorsionada y parcial de la realidad, en la que nada de lo que vemos, escuchamos o leemos parte de la pura labor periodística. También Internet sufre la censura de muchos gobiernos por la presión de la prioridad concedida a la lucha antiterrorista, con la persecución de “ciberdisidentes” y el interés por controlar la red. Se han multiplicado las leyes que autorizan la vigilancia de los internautas, como la Ley de Seguridad Cotidiana de 2001, aprobada por Estados Unidos e imitada en diversos países. El poder de Internet- Ha revolucionado la información y se ha convertido en un arma muy poderosa, tanto en un sentido negativo como positivo. Negativo porque la red también ha se ha convertido en una plataforma de difusión de informaciones falsas y de consignas que atentan contra los derechos de muchos colectivos, hecho cuestiona los límites de la libertad de expresión. Pero Internet también ha sido un instrumento decisivo para contrarrestar la propaganda gubernamental de los regímenes dictatoriales. Un ejemplo claro nos lo brinda Radio B92 en Belgrado, que fue prohibida por el régimen del entonces presidente yugoslavo Slobodan Milosevic pero que pudo continuar con sus emisiones a través de la red. Muchos movimientos sociales y alternativos que proponen un modelo distinto de globalización también suelen coordinarse a través del ciberespacio, que se ha convertido en una plataforma para dar voz a muchos actores sociales que habitualmente quedan excluidos de los grandes medios de comunicación, ofrecer visiones distintas a la de las informaciones dominantes, estimular el intercambio constante d datos y funcionar como punto de encuentro de gente que busca en la red la veracidad que no halla en otros medios. Este artículo fue elaborado per Mònica Costa, periodista especializada en Derechos Humanos, y ha sido actualizado por Íngrid Pons, estudiante de Humanidades en prácticas en Canal Solidario-OneWorld. ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: MAYO 2005 |



