empresas transnacionales
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Un poder semioculto- Más de dos tercios del comercio mundial, según el Observatori DESC tiene lugar a través de las empresas transnacionales. La mitad de este volumen comercial es intraempresa (se produce entre sucursales de la misma compañía). A pesar de ello, resulta difícil apreciar cuánto poder manejan las empresas transnacionales (o multinacionales). Por su puro tamaño se han convertido en un elemento crucial del mercado global y en importantes actores mundiales que, cada vez más, se sitúan por encima de muchos países. Ejemplos no faltan: las ventas de la corporación japonesa Itochu exceden el Producto Interior Bruto de Austria, mientras que las de Mitsui y General Motors superan el PIB de toda África subsahariana. Las transnacionales suponen un gigantesco negocio, tan enorme, que les ha conferido un considerable poder. ¿La esencia de la economía?- Algunos expertos argumentan que las transnacionales son la auténtica esencia de la economía global y que son cruciales para el progreso de las poblaciones del mundo en desarrollo. La realidad es muy diferente: las empresas transnacionales emplean sólo un 3% de la fuerza de trabajo mundial (y menos de la mitad de estos empleados está en el Sur). En aquellos sitios en los que son contratados, la contienda entre gobiernos para atraer las inversiones de las transnacionales ha provocado una caída espectacular de las condiciones laborales, dando paso a una precariedad que ha perjudicado los derechos de los trabajadores. Y mientras que las grandes corporaciones utilizan su inmenso poder de compra y de acción para coger las riendas de los mercados locales, las compañías locales son literalmente barridas de la escena. Derechos humanos olvidados- Esta política neoliberal a ultranza que tiende a desentenderse de la responsabilidad social ha convertido a las transnacionales en las líderes del libre comercio, oponiéndose a cualquier regulación de sus actividades en todo el planeta. En medio de este clima, el respeto por los derechos humanos no ha salido bien parado. El gigante del petróleo Shell admitió haber suministrado armas para que las fuerzas de seguridad de Nigeria las utilizasen contra los protestantes ogonis, de igual manera que BP ha apoyado abiertamente la creación de grupos paramilitares armados en Colombia durante años. Otro ejemplo lo tenemos en la disputa judicial de 39 transnacionales farmacéuticas contra el gobierno de Sudáfrica por vender fármacos genéricos (más baratos) contra el Sida: el negocio, los intereses económicos y las patentes por encima de los derechos de los enfermos de Sida en África. Por encima de los derechos humanos. También terrorismo ecológico-- Tampoco se puede olvidar el coste medioambiental de las actuaciones de las transnacionales: la destrucción de ecosistemas completos por parte de grandes corporaciones mineras y petroleras, los miles de personas muertas en desastres como el de Bhopal, en India, o la continua contaminación de empresas para las que el ser verde es sólo una estrategia de relaciones públicas afín a un reconocible pensamiento políticamente correcto. Sin embargo, esta postura tiende a ser superficial. Ahí está el ejemplo del fracaso de la cumbre de Kioto en establecer objetivos reales para frenar el cambio climático. Los poderosos miembros de la Global Climate Coalition, responsables de la mitad de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, organizaron una campaña multimillonaria para persuadir al gobierno estadounidense de conservar los negocios como hasta entonces, sin limitación de emisiones: el lobby transnacional otra vez por encima de los intereses globales. Esperanzas de regulación- En los últimos años, en importantes sectores sociales ha crecido la preocupación de que las empresas transnacionales se hayan convertido en monstruos demasiado poderosos e influyentes para que los gobiernos puedan controlarlos. En todo caso, los gobiernos del mundo industrializado, siguen caminando por los senderos de la desregulación, impulsando que las transnacionales ganen derechos en sus inversiones en el extranjero, sin prestar atención a las protestas sociales y medioambientales del Sur. No se puede obviar que en los últimos años de nuevo parte de la opinión pública ha redescubierto el poder que tiene la ciudadanía a la hora de presionar a gobiernos y empresas, recuperando la importancia del concepto de lo público. Es un indudable paso adelante, pero insuficiente si no da lugar a propuestas concretas que impulsen un efectivo cambio de rumbo. Esta guía ha sido elaborada por Patrícia Estévez, periodista especializada en Nuevas Tecnologías y Solidaridad, y ha sido actualizada por Jesús Barcos, periodista especializado en Cooperación para el Desarrollo. ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: DICIEMBRE 2003 |



