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17 Mayo 2008
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sida


"En todas las guerras existen los que colaboran con el enemigo. El sida también tiene sus colaboracionistas: aquellos que ven la epidemia como una oportunidad para ganar dinero; aquellos que no hacen nada por luchar contra ella; los que la utilizan como un pretexto para fomentar la discriminación y el odio".
ACT UP


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- © UNAIDS / United Nations

Una respuesta mundial a un problema global- El sida: una enfermedad inefable, nefanda, de la que casi no se podía hablar, si acaso en voz baja, un tabú. Eso era el sida para casi todos al principio: algo de lo que oyes rumores, con alarma, pero que según decían pocos habían visto frente a frente. ¿O no eran tan pocos? Un día el sida se convierte en el coraje diario de la hija de los porteros, con quien jugaste en tu infancia, y en un excompañero de clase a quien has seguido saludando con frecuencia (¿vas a evitar el encuentro a partir de ahora, disimuladamente?), o en un primo lejano de cuya muerte repentina sólo supiste meses después de acaecida. Te golpea en la cara para decirte: tu mundo no es el que creías. ¿Sólo tu mundo? El sida entra en tu salita de estar por vías catódicas, muestra la cara feroz de la injusticia y te estremeces: si quisieras escapar a otro mundo, el sida también estaría allí. Entonces dudas por un instante pero decides: no quiero escapar, hay que hacer algo.

Vamos a más- Cada día mueren 8.500 personas de sida en el mundo. Cada día hay 16.000 nuevas infecciones del VIH, el virus que causa el -sida. Actualmente viven con VIH 42 millones de personas, de las que 19,2 son mujeres y 3,2 niños menores de 15 años, y de todas sólo el 5% tiene acceso al tratamiento antirretroviral que puede salvar su vida. Si seguimos así, para el 2010 los organismos internacionales calculan que a los 42 millones actuales se agregarán otros 45 millones de personas con VIH, llegando a los 87, y se cree que para entonces habrán fallecido, desde el inicio de la pandemia, 80 millones de personas. La catástrofe parece imparable.

Van a menos- Pero el sida no afecta por igual a todos. Tradicionalmente se ha interpretado que la pobreza y la desigualdad es el terreno abonado para la extensión de las enfermedades, y esto sigue siendo en buena parte así. Pero tal vez la dirección contraria sea la más preocupante: el sida ha hecho caer drásticamente la esperanza de vida en los países más empobrecidos, y además golpeando las franjas de edad más productivas: en el lustro 2000-2005, la edad media de fallecimiento se habrá reducido en más de 26 años en Zimbabwe y en cerca de 34 en Bostuana.

Menos personas jóvenes, menos fuerza de trabajo, y más profesores de primaria infectados, más personal sanitario que enferma y fallece. El sida devasta vidas humanas y el capital humano para afrontar la propia epidemia.

Cercena las posibilidades de desarrollo de los países, hunde su Producto Interior Bruto, y erosiona su productividad. Los campos se abandonan por enfermedad y muerte, los niños dejan de adquirir conocimiento agrícola porque deben de cuidar a sus mayores y los profesionales cualificados (ingenieros, juristas, gestores) que tanto ha costado formar y retener, fallecen en proporciones descontroladas, sin que dé tiempo a reemplazarlos. El sida abunda en la pobreza y la desigualdad que es su caldo de cultivo. Un círculo vicioso: ¿por dónde lo rompemos?

Patentes potentes- Hay una solución a corto y medio plazo: potenciar las medidas de prevención y asegurar el tratamiento para quien lo necesite. Ser pobre no es excusa para no hacer nada: en Uganda han conseguido bajar la tasa de prevalencia del VIH en mujeres embarazadas de casi el 30% al 10% entre 1990 y 2000.
La prevención requiere voluntad política, implicación comunitaria y mucha imaginación. Pero el verdadero escollo es la falta de acceso a los tratamientos antirretrovirales por parte del 95% de la población. Eso es así porque la medicación sólo está ampliamente disponible en los países industrializados, donde sus sistemas de salud pueden asumir su enorme coste: por encima de los 10.000 euros una combinación estándar. Ha habido un amplio debate mundial sobre si el derecho de los pueblos a la salud debe quedar supeditado al derecho o deseo de las compañías multinacionales al beneficio económico y en cualquier caso cómo se les garantiza la devolución de sus inversiones. La cesión de patentes y la importación paralela de antirretrovirales genéricos están en el ojo del huracán: para las organizaciones de base comunitaria, es un paso necesario, aunque no sea el único; para la Organización Mundial del Comercio, las empresas y los gobiernos occidentales, no soluciona todo el problema y arruina la investigación. La estrategia del precio doble (uno caro en el Norte y uno barato o incluso gratuito en el Sur) podría dar la clave del asunto, pero aún hace falta más dinero para clínicas y profesionales, y para que el medicamento se ofrezca por debajo de su coste.

Un fondo en ruinas- Para afrontar esta crisis se creó, a iniciativa de Naciones Unidas, el Fondo Global de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria. Se trata de estimular y coordinar las donaciones de los países pudientes y canalizarlas por medio de un sistema integrador. Para acceder a las ayudas del Fondo Global, el gobierno de un país debe presentar una propuesta en cuyo diseño y ejecución ha tenido que participar obligatoriamente la sociedad civil a través de las organizaciones de base comunitaria. Si no es así, no se admite la solicitud. El Fondo ha repartido ya 1.500 millones de dólares para 153 programas en 92 países, aunque lo prometido fueron 4.600 y lo necesario son 10.000 millones de dólares anuales. Nadie se compromete a más. Parece mucho, pero es el gasto militar mundial equivalente a ¡dos días! ¿Cuál es tu prioridad?

La muerte social- Si hay algo que todavía se comparte más allá del acceso a recursos es el desafío de enfrentarse al estigma y la discriminación que acompañan al VIH. Despidos laborales bajo falsas excusas, amigos que dejan de serlo, jóvenes expulsados del hogar paterno, escuelas cerradas a niños seropositivos o hijos de padres seropositivos, parejas que se deshacen, tiendas en las que te piden que no vuelvas a entrar: la lista es interminable. Antes que la muerte física, sucede la muerte social, el ostracismo y la pérdida de derechos que hace perder la propia condición de ser humano. Y esto ocurre tanto en Bangladesh como en España, en EE UU como en Bolivia, en Australia como en Sudáfrica. Las personas con VIH se protegen ante la agresión haciéndose invisibles, aunque no siempre es posible. Los hospitales hacen la prueba del VIH sin consentimiento, la confidencialidad se quiebra, los diagnosticados no pueden ya suscribir hipotecas, les surgen problemas con su casero, y tendrán muy complicado conciliar su puesto de trabajo con sus visitas al médico, y a veces con el tratamiento. Es nuestra responsabilidad comunitaria crear espacios de protección donde las personas con VIH se vean reconocidas en plenitud y sientan acogimiento y respeto.

Las esperanzas - Son dos: las vacunas y los microbicidas. Los caminos hacia una vacuna contra el sidapresentan múltiples desafíos científicos, económicos y sociales, pero no son insuperables. Durante las dos primeras décadas de la epidemia apenas se ha avanzado en este campo, pero recientemente se le ha dado un fuerte impulso y ya hay varias decenas de vacunas candidatas entre preventivas (evitan la infección) y terapéuticas (crean un control de la infección crónica sin necesidad de medicamentos). No obstante, necesitamos más. Necesitamos más liderazgo político, más inversión de dinero público, más acuerdos con el sector privado y más implicación de la comunidad. Exactamente lo mismo que necesitamos para que un día obtengamos un microbicida, un producto en forma de gel, que aplicado tópicamente, según el tipo, en la vagina, en el recto o en el pene, impide que el VIH infecte a la persona que ha entrado en contacto con él. Si se consigue probar un microbicida vaginal con suficiente nivel de eficacia, podremos ofrecer a las mujeres un instrumento para su propia protección que no depende de su pareja. Un cambio revolucionario que debe contar con nuestro apoyo.

Habla de ello- La pregunta es hasta qué punto nos tomamos en serio que la salud es uno de los derechos humanos fundamentales, irrenunciables. Si fuera así, debería estar en las agendas políticas de todas las organizaciones, de todos los activistas, en todas las conversaciones, en todos los espacios de encuentro del ser humano. Se trata de una emergencia mundial frente a la que no podemos mirar a otro lado. No hace falta un alto nivel de compromiso, aunque éste será muy bienvenido: busca por aquí mismo cómo implicarte en un grupo comunitario. Pero si sólo quieres empezar desde lo más sencillo basta con hablar de lo que pasa con tus amigos, familiares, compañeros, profesores. Lo que más ayuda a propagar el sida es el silencio.



Esta guía ha sido elaborada por Joan Tallada, miembro fundador y actual presidente del Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt)

ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: DICIEMBRE 2003



 
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