género
Sexo y género- Hay dos formas de diferenciación entre hombres y mujeres: el sexo y el género. El sexo está determinado por las diferencias físicas exhibidas tanto por hombres como por mujeres; sin embargo, el género se refiere a las diferencias determinadas socialmente entre los dos sexos, a la relación entre mujeres y hombres y sus roles sociales en las distintas sociedades o comunidades. Los roles de género surgen de las diferencias asignadas socialmente a mujeres y hombres, y varían con la clase social, raza, casta, etnicidad, religión, edad e incluso con el tiempo. Estos factores influyen en la división del trabajo, lo cual refuerza las relaciones de poder existentes y el acceso a los recursos, beneficios, información y toma de decisiones.
Niñ@s: género y educación- En la mayoría de los países, las niñas y los niños son educados para adoptar roles y comportamientos muy distintos. Los diversos valores y actitudes para masculinizar y feminizar a los menores refuerzan los comportamientos basados en las ideas culturales de las normas del género. En general, a los niños se les permite ser niños durante la infancia, mientras que se espera que las niñas comiencen a adoptar su rol de madre y cuidadora desde muy temprana edad. Cuando el niño o la niña llegan a la edad escolar, su personalidad está fuertemente marcada por una identidad de género, lo que conlleva una serie de expectativas sobre el comportamiento y el carácter que determinan las oportunidades que tendrá el niño o la niña en las diferentes culturas. Aunque la socialización de género afecta tanto a niños como a niñas, discrimina particularmente a las niñas. Algunos datos esperanzadores- Pero el panorama está cambiando: durante los últimos 40 años, en algunos países en vías de desarrollo la escolarización de niñas ha sido tan alta como la de niños, y la brecha de género se ha reducido e incluso ha desaparecido en algunos casos. En este sentido, la promoción de la igualdad y el empoderamiento de las mujeres es uno de los llamados Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas. La meta, en sí es eliminar, preferiblemente ante del 2005, la disparidad de género en la educación primaria y secundaria, y a todos los niveles para el 2015. Los datos de NNUU en este sentido, muestran que la escolarización primaria de niñas en países en desarrollo sigue en constante crecimiento: del 83% de 1990 ha pasado al 87 en 1998; esta tendencia es mucho más significativa en la educación secundaria, en la que se pasó de un 72 % en 1990 a un 82 % en 1998 en la misma área del planeta. Sin embargo, y a pesar de los buenos indicadores, en la mayoría de los países en vías de desarrollo las niñas (y mujeres) aún están en una situación de desventaja. Según estadísticas del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de los casi mil millones de adultos que no pueden leer, dos tercios son mujeres. Según estas mismas estadísticas, las tres quintas partes de las personas más pobres del planeta son mujeres y niñas, y además está creciendo el número de mujeres portadoras del virus del SIDA. Por otra parte, las mujeres siguen muy poco representadas en la en estructuras de decisión. Género y desarrollo- A mediados de los años 80, el concepto analítico de género se convirtió en el concepto básico de una nueva aproximación a la mujer y el desarrollo: esta perspectiva de Género y Desarrollo (Gender and Development o GAD) intentaba acabar con las limitaciones de los anteriores enfoques y valorar el papel de la mujer en el desarrollo. El nuevo enfoque de género fue desarrollado originariamente por mujeres preocupadas porque sus problemas eran percibidos en términos de sexo (sus diferencias biológicas con los hombres) en vez de en términos de género, los papeles sociales y las relaciones entre hombres y mujeres, así como las fuerzas que a la vez perpetúan y cambian esas relaciones. El GAD refleja el reconocimiento de que las mujeres son una parte integral de todas las estrategias de desarrollo. El futuro: género y pobreza- Es difícil afirmar si las estrategias para abordar las desigualdades de género en el desarrollo tendrán un impacto medible en la situación actual del Sur. Probablemente, las políticas de desarrollo y las teorías serán menos discriminatorias y, en consecuencia, más efectivas. A pesar de los avances realizados en esas áreas, el número creciente de niñas y mujeres que viven en la pobreza y la brecha que las separa de los hombres se amplía. Las agencias gubernamentales de desarrollo no hacen lo suficiente, y lo que hacen puede estar en contradicción con otras políticas, poniendo en peligro los avances realizados. Finalmente, no hay que olvidar que aunque el análisis de género se aplique frecuentemente para desarrollar políticas para el Sur, es igualmente válido para las desiguales relaciones de género existentes en el Norte. Esta guía ha sido elaborada por Patricia Estévez, periodista especializada en nuevas tecnologías y solidaridad, y es una traducción adaptada del artículo original en inglés que aparece en la guía de género de la edición internacional de OneWorld, escrita por Sarah Cummings, Minke Valk y Henk van Dam, miembros del Royal Tropical Institute. ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: SEPTIEMBRE 2004 |



