patentes y acceso a los medicamentos
Acceso a medicamentos- El acceso a unos servicios mínimos de salud pública se ve obstaculizado por diversos factores, especialmente en los países pobres. La falta de investigación y el desarrollo de medicamentos para patologías tropicales, la insuficiencia de producción de medicamentos, la escasez de personal sanitario, las políticas de financiamiento sanitario, los sistemas de distribución e infraestructuras inadecuados, los tratamientos demasiado largos que obligan al abandono de los mismos o la resistencia a tratamientos antiguos. Pero, sin duda, parece que hay consenso en que uno de los principales obstáculos es el alto precio de los medicamentos. De ahí que haya surgido la necesidad de determinar el “precio equitativo”. En atención a este concepto se deben definir políticas que se rijan por el principio de equidad y en las cuales el precio del fármaco sea justo y asequible. Entre todos estos factores vamos a enfatizar sobre aquellos que influyen más decisivamente sobre el acceso a los medicamentos. Acuerdo sobre los derechos de propiedad intellectual relacionados con el comercio (ADPIC)- En 1994, el ADPIC se incorpora a los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sus objetivos son regular los derechos de propiedad intelectual (DPI) en todos los ámbitos (incluida la salud pública) y garantizar los derechos de comercialización exclusiva a un producto patentado durante un período de al menos 20 años. Gracias a la presión ejercida por la sociedad, en noviembre 2001 se firma la Declaración sobre ADPIC y salud pública, lo que supone un importante paso adelante en la campaña global por el acceso a medicamentos esenciales ya que afirma la primacía de la salud pública sobre los derechos de propiedad intelectual. Pero el Acuerdo dejaba aún sin resolver un tema primordial: en uno de sus artículos, el ADPIC prohibía la exportación de fármacos genéricos entre los países miembros de la OMC, por lo que aquellos países (sobre todo los países en desarrollo y los menos adelantados) que no tuviesen capacidad de producción nacional, se verían abocados bien a comprar los carísimos medicamentos patentados o a no abastecer al país. Estado de la cuestión- La solución al conflicto llegó días antes de la celebración de la V Conferencia de la OMC, celebrada en Cancún en septiembre de 2003. En la nueva Declaración se ha incluido una formula para que estos países puedan importar genéricos. Si bien es cierto que se ha avanzado con respecto al período precedente y se han desatascado las negociaciones, también lo es que el resultado no ha sido ni mucho menos el deseable. La solución propuesta incluye toda una serie de trabas burocráticas que complican su aplicación y dejan a los países exportadores a merced de la presión de las compañías farmacéuticas y de los gobiernos que las apoyan. En el medio y largo plazo las medidas aprobadas aumentarán el precio de los genéricos, poniendo en riesgo la existencia misma de esta industria alternativa y dejarán en manos de los países exportadores de genéricos (en muchos casos países desarrollados) la decisión última de permitir la exportación. Patentes y precios- Este Acuerdo, al obligar incluir los DPI sobre los fármacos, ha supuesto un aumento de los precios considerable. Hasta ahora el instrumento utilizado por los países en vías de desarrollo para acceder a los fármacos baratos era el de la importación o producción de genéricos, lo cual suponía una tabla de salvación para las familias de bajos ingresos. Ahora el ADPIC, tal y como hemos visto, amenaza con hundir esta vía. La patente puede ser un factor determinante a la hora de adquirir un fármaco ya que los estudios indican que los precios pueden aumentar hasta un 200 por ciento. Este Acuerdo tiene además otro importante efecto sobre los precios. Al mantener una comercialización exclusiva durante 20 años, no permite que los genéricos entren en el mercado y compitan entre si favoreciendo que se reduzcan considerablemente los precios y haciéndolos, por lo tanto, mucho más asequibles. Otra dimensión del problema- Este problema se ve acentuado por las propias características del sistema sanitario público de los países en vías de desarrollo. En estos países, la mayor parte del gasto sanitario no sale de los presupuestos nacionales de sanidad o de los sistemas de seguros, sino que esa responsabilidad recae sobre las propias familias. Por norma, el coste del tratamiento de las enfermedades es con frecuencia prohibitivo. Lo que supone que en última instancia las familias retrasen o ni siquiera busquen la atención médica que requieren. También puede ocurrir que se vean obligados a desviar los recursos de otras áreas esenciales, como la educación o la alimentación, a la compra de medicamentos, con los efectos a largo plazo que ello conlleva. Investigación y desarrollo- Las patentes han sido defendidas por las empresas farmacéuticas en la medida que potencian y estimulan la I+D para nuevos medicamentos. Pero la verdad es que sólo el diez por ciento de la I+D a escala mundial se dirige a las enfermedades responsables del 90% del problema sanitario mundial. Salvo el VIH/SIDA, las principales enfermedades que sufren los países pobres afectan a los países ricos de manera muy indirecta. En base a este principio y teniendo en cuenta la mínima capacidad de compra de los países en vías de desarrollo, la inversión que se destina a I+D para las enfermedades en estos países es casi inexistente. Esto supone que no se creen nuevos fármacos que permitan prevenir ni curar ninguna de las enfermedades que están costando millones de vidas en los países pobres. Propuestas- Teniendo en cuenta la dimensión del problema es necesario que se planteen iniciativas teniendo en cuenta los diversos actores afectados y tratando de abarcar las múltiples esferas del mismo. La próxima revisión del ADPIC debería incluir una evaluación global de sus efectos sobre la asequibilidad y disponibilidad de las medicinas en los países pobres. Por otro lado, dada la falta de interés comercial por investigar las enfermedades infecciosas de estos países, se debería establecer un fondo público internacional que tuviese una estrategia a largo plazo y cuya financiación tuviese carácter vinculante. Por su parte, las empresas farmacéuticas deberían hacer extensibles las iniciativas que han venido haciendo recientemente para reducir los precios de los fármacos básicos para los países pobres. Esta guía ha sido elaborada por Paula San Pedro, investigadora de Intermón Oxfam. GUÍA PUBLICADA DICIEMBRE 2003 |



